miércoles, 26 de marzo de 2014

Recordando a traición

Nunca fui dado a los ejercicios de memoria. Y, puesto que no la ejercitaba, apenas pude contar con ella. Tampoco la rutina provocó efecto en mí, en lo que a la memoria respecta; ni tan siquiera de joven, cuando aún era fuerte y sana. Todas las semanas repetía el mismo recorrido, de aula en aula, a la búsqueda de algún maldito profesor que intentase inculcarme su terrible sabiduría para convertirme en "hombre de provecho". Sin embargo de lunes a viernes yo seguía preguntando: "¿Qué toca ahora? ¿a qué clase vamos?". Algún desafortunado se veía obligado siempre a cargar conmigo en cada ocasión, pues ni la repetición ilimitada de los mismos horarios y trayectos podían incitarme a memorizar el recorrido. Tampoco me vi capaz de recordar la tarea sin ayuda de una agenda, y sin alguna nota recordatoria podía olvidar hasta el examen más importante. Yo, siempre tan agobiado con mi educación.
Mi despiste provocó las burlas más insoportables por parte de mis compañeros, pues los jóvenes son arrogantes por naturaleza, y su actitud, aún no educada, irrespetuosa en la medida en que no se vea limitada por el criterio de un adulto.
Pero si alguna vez mi memoria fue enemiga mía, con los años pactamos un acuerdo: podría olvidar cuanto quisiera aunque me fuera necesario, mientras a cambio olvidaba también mi pasado. Tenía prohibido molestarme jamás con algún recuerdo doloroso, que pudiera perturbarme en mi calma forzada. No soportaba recordar los momentos tristes de mi pasado,pero mucho menos los alegres, que me hacían ver hasta qué punto estaba solo, viejo y acabado.Comprendía por fin al capitán Garfio en su odio a Peter Pan, con toda su infancia, sus esperanzas, su vitalidad y sus amigos, carencias delas vejez.
Pero ¿quién no ha sido nunca hipócrita o traidor? Y la tración más común sea quizá fallarse a uno mismo. Un pacto así no podía durar eternamente.

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