domingo, 1 de junio de 2014

Son iguales que sus padres. Igual de estúpidos, de engreídos, de astutos o de superficiales. Son iguales una generación después. Pero no quieren verlo. Quieren creer que han lapidado los defectos de sus padres, que han inventado nuevos errores para cometer. No. La ciudad sigue igual, una generación después.