Que bonito echar las culpas a otro cuando todo va mal.
Que bonito echar en cara el daño sufrido sin reparar.
Que bonito ser la víctima de este estado de ansiedad.
Pero tú y yo sabemos que no es verdad.
Lo asumiré: mía es mi mitad
de las culpas que ignoré;
y tuya la mitad
de las culpas que protesté.
Acabó por ti y por mí,
como empezando otra vez.
Mírate, mírame y dime qué ves
Los dos erramos todo
pero no somos culpables porque fue...
lo que tuvo que ser.