Era la única que podía llamarlo así, desde el primer día. Aún no sabía por qué; muchos otros lo habían intentado (antes y después) pero solo habían recibido amenazas, caras de asco o simplemente indiferencia, en el peor de los casos. Ella podía abrazarlo por detrás, y taparle los ojos con las manos; solo ella, que de algún modo era especial, aún no sabía. Ella podía empujarlo con maldad, si sonreía como si no le hiciera daño; que no hacía, pero aún no sabía. Ella podía plantarlo o llegar tarde, él no se impacientaba tan solo estaba nervioso; por qué, aún no sabía.
Aún no sabía, ella, que él la quería. Y que si él, de pronto, no la quería; ella, no podría.
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